Retorno

Retorno

A veces me quedo sin palabras, sin libros, sin aire. Me aparté y al mismo tiempo me fui a vivir, a descubrir y a aprender.
Retomé la lectura y aún me faltan las cartas que no he escrito en estos meses.

Las pausas en la vida son buenas. La calma, apacentarse, reír y fumar y amar. Ahora viene la escritura. ¿Cuándo saldrá mi libro? Pues primero requiero terminarlo, así que manos a la obra.

Estoy a pocos meses de cumplir 24 años y este año, especialmente, he vivido cosas que hace un lustro creía imposibles. Aprendizaje.

Así que mi propósito es retomar este blog. Retomar los libros y la libreta de frases y los viernes de lecturas hasta la madrugada, claro, todo esto con compañía (por suerte también es un gran lector).

Ahora escribo desde mi nueva casa y con una gatita traviesa que de vez en cuando me distrae de mi asunto porque tiró algo en el baño o en la recámara, pero también se acostumbrará a que su humana se la pase horas frente a la computadora contándole al mundo que dentro de su cabeza siguen surgiendo historias y personajes que requieren ser liberados. Tal vez Luah me crea un poquito loca, pero solo un poquito.

No se fijen; la locura es la mejor medicina contra este mundo absurdo que nos dibujan todos los días.

Mujer-es

Mujer-es

Mujeres que se cuentan la vida, mujeres solas, mujeres libres, mujeres casadas, mujeres que aman a otras mujeres.
Mujeres que escriben, que fuman, que saben mecanografía, que redactan cartas, que queman regalos y golpean almohadas. Mujeres.
Mujeres fuertes y con voz, mujeres calladas y sumisas, mujeres que partieron y mujeres que no parieron.
Mujeres de ojos grandes, de caderas anchas, de pies con juanetes, de labios partidos y manos trabajadas. Mujeres con manicura, mujeres con cabello largo, mujeres con cáncer, mujeres sin aretes, mujeres con silicona, mujeres con cabello corto y nariz grande. Mujeres que gritan, que aman, que buscan la independencia, que buscan marido, que abortan un crío, que son libres.
Mujeres monjas, mujeres que no conocen su clítoris, mujeres eróticas, mujeres castradas, mujeres que sé tocan por la noche o en el baño de la oficina, mujeres que compran condones y mujeres que se conservan vírgenes hasta el matrimonio, mujeres alegres y mujeres frustradas.
Mujeres que rompen en llanto y mujeres que nunca las ves llorar en público, mujeres que odian levantarse temprano, mujeres que olvidan pintarse las uñas.
Mujeres hay muchas y variadas, hay mujeres en todas partes, mujeres que luchan.

Yo soy mujer, tengo dos cromosomas X, y aunque no lo he elegido, ser mujer es lo mejor que me fue asignado.

Bienvenida, Bartola

Bienvenida, Bartola

Me impresiona como puede uno adaptarse más rápido a la tecnología que a las relaciones humanas, pareciera que estamos mejor adaptados para convivir con máquinas que con personas.

Recientemente mi computadora, Carlota, sufrió una avería y al quedarme sin el preciado medio para escribir me prestaron una computadora que es tan vintage que corre con Windows XP y la verdad me ha impresionado como olvidé usar Office 2003. Estamos hablando que ha pasado poca más de una década y los avances en informática han sido abrumadores.

Definitivamente es más sencillo entrar en contacto con una computadora que con un ser humano. Los sistemas están diseñados para hacernos la vida más sencilla y los seres humanos estamos para complicar la vida del otro, pero esas complicaciones tienen algo que nos hacen buscar a más humanos como nosotras, por mucho que adoren las tabletas o los smartphones.

¿Qué relación tiene la informática con las relaciones humanas? ¿Estamos tan enajenados que no nos damos cuenta que al final solo nos quedarán las amistades o los amores? Imaginemos que pasa una catástrofe y nos quedamos sin luz y por ende sin Internet. La pregunta al aire sería, ¿dónde quedó Facebook y Twitter?

Pasamos mucho tiempo detrás de un teléfono tratando de comunicarnos con una persona o con un grupo de ellas. Hasta el más geek tiene a sus amigos vía redes sociales.

¿Si nos quedáramos sin luz volveríamos a reunirnos o comunicarnos a la vieja usanza? Escribir cartas es ahora tan raro que la llegada de una sorprende al vecino. En la época de mis abuelos había cartas y trenes y barcos. Hoy existe Skype y Whatsapp para conversar con personas que están al otro lado del mundo y que quizá no conoces y nunca llegues a conocerlos.

La peor compra que he hecho en los últimos días fue un celular LG que tiene todas las funciones de un smartphone, pero es lento como la chingada. Mi primer celular fue un Nokia con la pantalla a color, pero un tabique, literal, recuerdo que me hacían burla por el tamaño, pero yo pretextaba que sus celulares eran con pantalla en blanco y negro. Ahora la competencia por tener el mejor y más rápido está a la orden del día.

Ahora resulta que hay libros sin papel y que puedes traer una biblioteca en un aparato pequeño. Yo, Betzy, no comulgo con esa idea. Soy muy anticuada en cuanto a la sensación de tener un libro, papel, en las manos. No, no y no, me resisto a leer un libro en un dispositivo.

Carlota está en el hospital, pero mientras tanto quien da vida a estas letras por medio de su Windows XP es Bartola y agradezcamos a Bartola que aún con los años que carga se compadezca de mi alma de escritora y permite que vierta mis letras aquí.

Y sí, es más fácil adivinar los recovecos de una computadora que el alma de un ser humano, por más ateo que sea yo creo que tiene alma.Imagen

Imagen

Visitas

Visitas

Me encuentro con la grata sorpresa de que tengo visitas de 3 continentes y algunos países no son hispanoparlantes. Estoy emocionada y abierta a que sigan creando conmigo y sigan leyendo lo que sale de estas manos.
In lakesh!

Volver al nido

Volver al nido

Entras a la casa de tus abuelos. Es una casa vieja y con muchas capas de pintura que los años han desgastado. El aire fresco corre por el pasillo. Hay dos hamacas de muchos colores esperando a que te subas a una de ellas. Lo dudas por un momento, pero después te decides por la más grande. Comienzas a mecerte con ayuda de la cuerda que pende de la pared más cercana, tus pies cuelgan, exactamente como hace unos años.

Más recio, jálale más recio. Tus primos gritan y tú estás envuelta en la hamaca y te agarras con todas tus fuerzas de niña. Gritas. Te da vértigo cuando te lanzan hasta el techo de la casa, puedes tocarlo sin estirar la mano y tus primos siguen riendo y tú gritas. Se detiene la hamaca, te bajas mareada, pero eso no te impide agarrar uno de los extremos para seguir zangoloteango al próximo. Más recio, ven a ayudarme, Picha, este huache está bien pesado. Tu prima se acerca y unen fuerzas para “hacerle torito” al primo más grande. Huaches, huaches, ya les dije que no anden jugando así, se van a romper un día de estos la cabeza. Agüelita hace su aparición. A ver, Romeito, ¿qué te he dicho? Ya van a ver cuando llegue su abuelo, se los va a chingar. Ya, váyanse a comer los uchepos antes de que se enfríen.

Abres los ojos y la hamaca se ha detenido. No recuerdas en qué momento  caíste en el estupor. Ves la casa vacía. El abuelo murió hace casi un año y la abuela ahora es atendida por sus hijas. Está sola. La pintura blanca se va tornando amarillenta y el azul Frida está poniéndose triste. Ya no corre Solovina por el patio, ya no hay queso fresco en casa. Ya no está el abuelo que  construyó con sus manos esta casa.

Hagamos un trato

Hagamos un trato

 Ganador del 3er lugar en el 1er Concurso de Poesía de la Escuela de Escritores de SOGEM.

Le hablaré de usted
con toda propiedad
para comernos con descaro.

Primero lo beso,
lo desnudo de a poco:
la camisa,
los calzones,
la corbata,
y al último el saco.

Si le muerdo el lóbulo,
hágame el favor
de tomar mis nalgas
y marque sus uñas
mientras jala mi cabello crespo.

Cuando roce su sexo
busque el mío y chúpelo,
escuche mis gemidos.

Luego buscaré su falo,
lo meteré a mi boca
le haré venirse dentro.

Y cuando menos piense
estará en cabalgata,
no se sienta limitado
pierda el pudor conmigo.
No me abrace mientras duermo,
usted y yo somos desconocidos
únicamente nos junta la cama.

Hagamos que no te conozco.

Hoy te llamas Juan
mañana serás Pedro
después quedarás en el olvido.

Uno

Uno

A veces uno quiere desaparecer por un rato. Apartarse. Uno necesita ser distinto. ¿Quién mejor que uno para reconstruir las cenizas?
Uno está harto de saberse solo, quieto, esperando lo que no llegará. ¿Quién traerá de nuevo las sábanas rojas y el cuerpo que reposa a un lado?
Uno pierde fuerzas y claudica. Le deja las lágrimas a la noche y se va llenando poco a poco de odios y rencores.
¿Cómo es que se uno de vuelve inmune a los desencantos?
Uno crece con la idea del idilio perfecto, de los roces, del abrazo constante.
Uno crece y se da cuenta que todo es un engaño. Uno puede enrredarse en los brazos de cualquiera en cualquier día y en cualquier cama. Uno debe hacerlo al menos una vez en su vida. Uno no sabe como reaccionar después del incípido amor inconstante.
¿Qué hace uno cuando se sabe desnudo frente a un extraño que no volverá a ver?
Uno va perdiendo el miedo a todo. A los cuerpos ajenos, a la mente propia y a los cigarros prestados.
Uno se aleja de uno para no reír de sus propias derrotas.
Y así, uno va separándose de todo. Lento.
Vago.
Solo.

Paisaje sin retorno

Paisaje sin retorno

Yo no tengo un Mustang. No poseo lentes Armani. No me interesa. Poseo algo más valioso. Dignidad. Respeto. Puedo imaginar la vida sin ti. Un poco borrosa ahora. Mañana estaré mejor. Quizá fue el quererte demasiado. El no exigir nada. Fue todo. Quiero terminar con esto. No volver a verte. Me haces daño. No lo ves. Eres ciego a las cosas importantes. Vete con ella. Bésala. Desnuda su cuerpo. Oculta tu alma. Cógetela. Llévala al departamento donde pasamos nuestras noches, al fin y al cabo, es tuyo. Puedes elegirla. Pasear. Ir al cine. Comer. Beber el mismo vino tinto. Compartir tus cigarros. Llévala a tu casa y preséntala con tu madre. Hablen de cosas superfluas. Del color de temporada. No menciones libros. No leas poemas. No escribas cartas cursis. Seguramente ella no te llenará de palabras raras. De llamadas. De soliloquios. Me hieres. Me dueles. Has muerto, soy viuda de ti. Escupirte de mis letras y de mi alma. Vomitar el amor antes de que cale mis entrañas.

Las palabras no te salen. Dilo como es. Directo. Te engañé tres veces. Chinga tu madre. Fue en la sala. No sostenías la mirada. Me quieres. Mantener esta bonita relación. Eres un lugar común con tus palabras vanas. Yo sé que quiero. Te quiero. Cierto. Pero mi amor propio es más grande. La cagaste, Humberto. No hay retorno. Ahora me entero que tu vida amorosa es cambiante. Debí suponerlo. Aquí estoy. Escribo para no llorar. Tengo rabia. No lo mereces. No mereces mis lágrimas.

Te quiero. No te alejes. Necesito tiempo. Dame tiempo. Voy a pensar. Ella me gusta. A ti te quiero. Ella sonríe. Tú eres estable. Ella me hace feliz con solo un mensaje. Tú eres tierna. No quiero perderte. Fumas. Fumo. Tienes el alma fría. Exhalo el humo emputada. Quieres que me quede en stand by. Son mamadas. Yo no soy tu juguete, pendejo. Estoy enojada. Perdóname, nunca fue mi intensión lastimarte. Te maldigo cada vez que mencionas la palabra tiempo. Podemos retomar, planteas. Vete a la chingada. La cara de pendeja no me ves. Tengo que pensar las cosas. Me trago mis lágrimas. Vete de mi casa. Me besas en la frente. La cagaste, Humberto. La cagaste.

Por pendeja

Por pendeja

Me cargó la santa chingada por un pendejo. Bueno, más pendeja yo por contestarle que sí. De haber sabido que el idiota tenía otras intenciones distintas a cogernos cariño no le habría contestado, pero siempre meto la cuchara donde no me llaman.
El tipo no se veía tan mal, no tenía facha de poeta o de licenciado, pero tampoco de ladrón u homicida.

¡Qué ideas me pasan por la cabeza! No puedo creer que esté en este cuarto blanco. Chingado frío que hace y solo me ponen una sábana. Seguro que tengo una etiqueta colgando del dedo pulgar: Eréndira Mateos. Homicidio en primer grado.

¿Cómo pasó? Pues verás yo siempre me creí una mujer fea, fea. Desde la primaria me molestaban por mis ojos, verdes como mocos, decían. Después crecí y mis piernas estaban un poco chuecas, nada notorio, pero me volví mi peor crítica frente al espejo. Poca chichi y poca nalga. Te pasamos a fregar, decía mi madre, tan bonita cara y tan delgado cuerpo. Yo me veía al espejo y no veía esa hermosa cara. Ojos chicos, boca mediana y nariz aguileña; todo esto en un castaño marco encrespado, cuando quería era más lacio y cuando no unos chinos irremediablemente esponjados. Al menos tenía cintura. Ya chingué.

Pues pasaron los años y me casé con el primer papanatas que me ofreció un anillo de circonia y una boda pitera. Nos fuimos a vivir con sus papás y mi vida por tres años fue un infierno. Un día decidió sacar mis trapitos a la calle y mandarme directito y sin escalas a vagar por el mundo. Y así fue como empecé mi peregrinar. Mi hermana me dio asilo por unos meses, pero al cabo de un tiempo me pidió que buscara otro lugar. Total, llegué a una vecindad cerca del Centro, una cosa fenomenal, sobretodo con las goteras que había en el lúgubre departamento. Después conocí a Pancho, él en verdad me quería, fea y con pocas chichis y pocas nalgas, él me quería. Pero eso no me quitaba lo fea, yo sabía que me hacía el favor. Ahora que lo pienso por eso no tuve hijos, para que los chingaba con caras feas. Pancho se murió bien raro. Un día amaneció bien tieso, que según fue un infarto, pero para mi que tenía alguna pena que no me hbía contado.

Trabajaba en un barecito, puro borracho sin quehacer me seguía. Y pues para sufrir de nuevo, mejor sola. Ahí conocí una licenciada que por mano de Dios fue a caer a esos lares, ella me recomendó uno de esos libros de superación, ni me acuerdo del título. El chiste es que lo compré y lo leí. Ya no me sentía fea. Mi siguiente compra fue maquillaje: rímel, delineador, sombras, labiales. Casi toda la quincena se me fue en eso. Total, que me decidí a conquistar al primer hombre que me dirigiera la palabra o la mirada.

Me bañé, me puse tacones, falda y una blusa bonita. Salí de la casa y me fui al mero Zócalo. Capaz que me ligo a un gringo, pensé. Y echando tiros de chula entré a una cafetería de esas mamonas y gringas. Pedí un frapenosequé por el que me cobraron mucho dinero, pero hoy estaba en plan de diva.

Bien coqueta me senté de lado y estaba esperando a hombre. No tardó mucho en aparecer el pendejo por el cual estoy así.

Muy casual llegó a preguntarme, ¿Guadalupe Pereyra?, pinche nombrecito, pero le dije que sí na’más para ver que pasaba. Era mi cita a ciegas y sin planearla.

En menos de un parpadeo el hombre sacó un arma de su bolsillo y me dio tres disparos: corazón, cabeza y brazo.

Ándale, Eréndira, todo por cambiarte el nombre, pendeja. Y por andar de puta y caliente. Ya qué puedo hacer, el cabrón ya me chingó. Al menos me quedó claro que me parecía a una tal Guadalupe Pereyra. Eso o que el asesino estaba bien bruto y era un novato.

Ya se imaginan el desmadre que se armó, hasta en el periódico salí tirada y con un charco de sangre a mi alrededor. Primera plana: La confunden y le dan tres plomazos. Prensa sensacionalista, seguro fue El Metro.

Ahora resulta que me querían, hasta el desgraciado con el que me casé vino al funeral y me lloró lágrimas de sangre. Como si no supiera que el cabrón se tiraba a Margarita, mi mejor amiga de esa época, pero así le irá al güey.

Y ya aquí le dejo con mi historia porque San Pedro ya me está recibiendo. Vamos a ver si tanto pinche sufrimiento y poca cogedera me aseguran una butaca a lado del Señor.

Resolución

Resolución

Siempre me ha conflictuado mi rareza. Las letras: poesía, cuento, teatro. ¿Por qué yo? ¿Por qué no fui hacia la línea administrativa o científica? No es algo sencillo para mi aceptar que no me interesa la mercadotecnia o la química, menos aún las matemáticas. Suelo ponerme en plan de víctima, de yo soy la rara de la familia, ese es mi lugar común.
Hoy entendí en que no me quiero convertir en una mujer ejecutiva. No me gusta usar tacones, no me gusta peinarme todos los días, puedo salir de mi casa sin maquillaje y no me causa problemas. Y alrededor encuentro todos los días mujeres que caminan con traje sastre y ropa de moda y peinados elaborados y maquillajes costosos. Yo prefiero gastar mi dinero en libros.
Un día, hace ya unos meses, un amigo me dijo que yo no sabía quien era. Cierto. Cada vez que descubro algo de mi no lo creo, no lo acepto porque no me es común ni es el espejo de mi madre (ella tan correcta siempre). Amarte antes de amar a alguien. Introspección antes de exponer lo que pienso.
Hoy no puedo decir que la vida me trata mal porque tengo una escuela que me encanta.
Es mi mente la que juega para sacar de mi las letras: poesía, cuento, teatro. Y me pone un cigarro y una cerveza para que disfrute el acto.

Ambigüedad de visiones.

Ambigüedad de visiones.

Haciendo limpieza en mi disco duro, encontré un ensayo que escribí hace dos años, obviamente  no pude dejarlo intacto, la esencia es la misma,  pero la vida me hizo agregarle cosas.

De amor y desamor está lleno el mundo y la vida, son tan comunes y universales que no distinguen entre hombres y mujeres, ocupaciones o status.

Cuando surge amor entre dos personas lo menos frecuente es que se piense que tendrá un final (próximo o lejano). Los enamorados viven con la idea de un amor eterno y sublime, su idilio suele ser perfecto. Hasta que un día, uno de los dos decide que su camino no es junto a esa persona, aquel que no quiso terminar queda con un enorme vacío, creyendo que nunca encontrará un amor sin igual, entran en un duelo, donde se toma como catarsis cualquier cosa para sacar todos esos sentimientos encontrados, ese amor que acaba de derrumbarse y que tal vez nunca más podrá volver.

“¿Qué es lo peor que podría pasarte? Que no te quieran. ¿Será eso tan grave?” En realidad el desamor (llamo así a la falta de la persona que se ama) podría no ser tan grave a ojos de otra persona, pues ella no está careciendo de aquel “bien” tan preciado, aquel bien que disfrutaste. Las personas llegan a tu vida por una razón, una temporada o para toda la vida, generalmente son razones.

Te preguntarás, ¿por qué?

Simple, esa persona que tanto amaste, vino para enseñarte algo (ese es el principal objetivo de una relación constructiva). Al perder aquel amor, aprendes algo, lo difícil reside en encontrar qué fue lo que te dejó. Una relación no es necesariamente para siempre. Cuando has aprendido la lección de vida que tenía para ti, se va.

En todas las edades has tenido un amor, y todos han sido el amor de tu vida en esa época, todos han sido completos e inigualables, pero conforme creces te percatas que aquella persona no llegó a tu vida solamente para hacerte reír o llorar. Hay un momento en el que comprendes que las cosas sucedieron para que todo fuera mejor. Hubo lágrimas, quizá, pleitos, demasiado sexo (vamos, nadie se queja de eso en una relación), o nula comunicación, pero todo aquello te hizo lo que eres hoy.

Y vaya en ese momento no lo aceptamos, la negación, creemos que con un simple papeleo todo volverá a la “normalidad”, negociamos algo que ya quebró, una empresa que está finiquitada. Absurdo, pero lo hacemos.

Después solemos hacer cualquier cantidad de estupideces para ocultar, porque queremos hacerle creer que no nos importa, que fue una piedra más en el zapato que te sacudes, obviamente no lloras por eso, te dices, pero en la comodidad de tu cama, extrañas, quieres disimular que dejó un enorme hueco y para demostrarle que no te duele, comienzas a salir con alguien más, o te vas de fiesta cada viernes, para que note que tu vida no cambio con su ausencia, es más, quieres darle a entender que te hizo un favor al quitarse de tu camino.

Sé que todos hemos pasado por esto, porque son patrones, es muy fácil evadir lo que uno siente en una sociedad como la nuestra, donde todo es tan efímero que al día siguiente de un rompimiento puedes concertar una cita con un desconocido, puedes irte a un hotel y olvidar que hay algo pendiente por sanar.

Pero llega un momento en que el Pepe Grillo interior te habla bajito en un oído – psst, psst, ¿hasta cuándo vas a dejar de evadirlo?, psst, psst, hazlo ahora – y despiertas con el mundo sobre tu espalda, la bola de nieve se ha hecho enorme, la madeja se ha enmarañado, ahora costará más trabajo dejarlo todo en orden. La aceptación, la etapa de sacar las cosas buenas y aprender de los errores que hubo.

Perdonas, todo aquello en lo que crees que te dañaron, porque a la larga acumular cosas no te servirá para nada más que ser una persona de la tercera edad que vive en una casa llena de gatos y que sus vecinos no aprecian demasiado, probablemente parezca gracioso, pero no solemos hacer eso tipo de conjeturas cuando estamos en ese proceso. No hay mejor venganza que el olvido (y nada es más sano).

Quisiera que el amor fuese sencillo, que simplemente fuera un trámite. Escribes una carta pidiendo las características específicas de la persona con la que quieres vivir el resto de tu vida, sin problemas, sin fracasos, sin que se acabe. Porque sin duda alguna lo peor que puede pasar cuando el amor acaba, es que acaba.

Terminan los besos, las caricias, las palabras, el cine, la copa, el cigarro juntos, las reuniones de amigos y familiares, las peleas, las reconciliaciones, el sexo, las mentiras, las promesas, las risas, los libros, la televisión juntos, las conversaciones, los mensajes, las llamadas, los pretextos, las quejas con propios y extraños, el despertar juntos, en fin, son muchas cosas que terminan de golpe, boom.

Si pudiera escribir mi carta y que llegara a vuelta de correo mi hombre, terminaría devolviéndolo a las dos semanas, imagina, una pareja que creaste únicamente con tu imaginación, no es un individuo real, vaya, tu le has dado el soplo de vida. Seamos realistas, los hombres a domicilio no existen.

Tenemos que buscar entre los de carne y hueso, con esos hombres mortales que en nada son perfectos y es esa imperfección la que tanto debería gustarnos, la que tanto anhelamos.

¿Quién tiene la medida para decir cuánto debe durar tu duelo? Cada quién sabe el tiempo que necesita para recuperarse de un mal de amores, bien reza el dicho que no hay cruz pequeña, ciertamente lo que a mis ojos es una tontería, a los tuyos, mi estimado lector, puede ser una catástrofe.

Entonces, ¿en qué lugar queda la persona amada? Existen dos opciones; seguirla amando (en silencio, por supuesto) o dejarla ir.

La primera opción es bastante dañina, el amor no puede ocultarse, el amor se transpira; la segunda – mucho más sensata pero dolorosa – puede traer tristeza pasajera, pero ya hemos comentado que todo tiene una etapa, un proceso.

Podría entonces hacer otra interrogante, ¿prefieres que tu pareja te mienta y esté contigo solamente por no lastimarte? O que sea honesto, que te diga las cosas tal cual las piensa y siente, a sabiendas de que te lastimara, es cierto, pero no seguirá mintiéndote y engañando a ambos.

El problema del amor es que es casi inseparable de la vida misma. Y todo sigue siendo parte de las enseñanzas de la vida. Todo pasa, todo cambia, no puedes quedarte estancado en una relación; puede ser dolorosa, tal vez creas que tienes un enorme hueco en el corazón (o debería decir en el hipotálamo). A final de cuentas, vagando por el mundo y después de que los caminos rotos no volverán a unirse. Medio cojo, medio ciego, medio demorado y desamorado, buscas un amor que lo vuelva a compensar; entonces se entra en un círculo vicioso: el amor, el desamor, el llanto, la pérdida, y de nuevo el goce, las peleas y todo lo demás que conlleva una relación.

¿Cómo podemos romper con ese vicio?

¿El amor es un vicio?

Sin duda alguna lo creo, el amor y el amar son un vicio bastante caro para el corazón y bastante fructífero para la pluma que escribe poesía.

Cuando estamos enamorados, leemos una gran cantidad de poesía, escuchamos canciones cursis, melosas (que en otra época de nuestra vida creímos jamás escuchar), escribimos cartas que a veces no entregamos pero la mayoría de las veces conservamos, creamos todo un perfecto y armónico idilio, pero todo puede ser parte de un juego de la mente, después de todo, ¿quién nos asegura que la persona a las que estás besando siente exactamente lo mismo que tú? Inevitablemente, alguno de los dos quiere más, alguno de los dos ama más.

Veamos también la otra cara de la moneda, cuando tú eres la persona que ya no quiere compartir la vida con esa persona, cuando decides que ya no llena tus expectativas, cuando el amor se te acabó.

Lo más complicado de terminar con alguien es encontrar las palabras justas para no lastimarlo (aunque sabes que ineludiblemente le partirás el corazón), porque nos han vendido esa idea cursi de decir estupideces como: No eres tú, soy yo. Necesitamos tiempo. Lo nuestro es magnífico, pero tengo que pensar las cosas. Eres la persona perfecta para mí, pero no te merezco. Esto va muy rápido, lo mejor es ser amigos. En fin, una serie de frases hechas, tan fácil como ir al supermercado a comprarlas, revolverlas un poco y decirlas, así de plástico me parece.

Hay que armarse de valor para decir las cosas como son en realidad, puedes decirle mil pretextos a la persona, pero sabes que nunca te engañarás a ti mismo, nunca te llenarán esas palabras huecas y prefabricadas. Hablar con el corazón en la mano, hablar como contigo mismo, sin rodeos, sin adornar todo.

Es común confundir el amor con el deseo y la pasión, muchos corazones se han roto al confundirse, al extrañar de la persona el cuerpo, la compañía física y olvidar que la compañía etérea puede ser más poderosa.

Amar no es solamente desear a alguien, no es sexo, no son besos, no es una buena plática, va más allá de lo tangible.

Cuando decides que no amas a la persona con la que compartes tu tiempo y tu vida, lo mejor y más sano es que te vayas, que sigas tu camino y sanes para que puedas encontrar a alguien más, en algún punto, en alguna ciudad que visites o un café que frecuentes.

Las relaciones son algo que nunca se corta, siempre habrá un vinculo que te una a esa persona, porque será tu ex novio, tu ex esposo, tu ex pareja. Indisoluble, parte de tu vida, de tu historia, de lo que eres.

Jaime Sabines tiene una frase que puede explicar muy bien lo que pienso: “El amor no tiene remedio y sólo quiere jugar”. Juguemos pues con el amor, ese pequeño Cupido travieso que hace trastornos en nuestra vida, que puede dar alegría y tristeza de igual manera.

El amor, no debe analizarse, debe vivirse, pero siempre hay que ser consientes de que todo aquello de hagamos o dejemos de hacer por y para el amor, nos será cobrado en factura. No hay que andar por el mundo desperdigando energía.

Lluvia.

Lluvia.

Se escuchan los golpeteo de las gotas en mi ventana, despierto, nada mejor que escucharlos afuera, sentir el calor de las cobijas y declarar que no quieres salir de la cama. Pocas cosas me han hecho feliz como esta, no suelo amar los días de lluvia, tampoco me gusta mojarme, pero últimamente me he propuesto romper con todas las cosas que no hago, hacerlas, vivirlas.
No son rebuscadas mis palabras, no quiero hacerlas así, porque la simpleza es la elegancia, la cotidianidad de las letras es lo que conecta a las personas, no me interesa escribir de cosas que la gente no entiende, porque no me apetece, no quiero ser una intelectualoide que busca impresionar a los demás.
¿Qué busco? ¿A dónde voy? ¿Tengo claro mi camino?

Importancia de un post.

Importancia de un post.

Porque me importas, porque no quisiera que me importaras, pero me importas, no sabes cuanto. Me importa tu día, tu ayer, tu hoy, tu siempre, tu nunca y tu hasta luego. Me importas.
Y me gusta hablar contigo, despeinarte, reír y besarte. Me he preguntado muchas cosas, pero la mayoría las olvido, evado, igual que tú, evado lo que es evidente y me cuesta aceptar.
Pero también me pregunto, ¿qué sería de la vida sin esos pequeños desvaríos?, últimamente  me he limitado, me he encerrado en mi, no quería al mundo, fue una forma de defenderme.
Abrirse, vivir, dejarse llevar por la corriente, andar esos caminos que uno va eligiendo, no arrepentirse. Mi curiosidad es vasta, muy vasta, no quiero dejarla así, a medias, a simples besos.
Prueba de que me importas son estas letras, este post que lees, ahora que lo sabes, quiero saber si yo también te importo… porque podría tomar un taxi de regreso.

¿Dónde?

¿Dónde?

¿Dónde están los que son como yo? Los que buscan más de un porque a la vida. Seguramente andan por ahí, leyendo libros o blogs.
¿Dónde aquellos que se enamoran con cualquier gesto?

Irreversible.

Irreversible.

Sigue revoloteando en mi cabeza la idea que es irreversible, todo. No podemos cambiar absolutamente nada de lo que hicimos, dijimos o dejamos de decir o hacer.
No es arrepentimiento, pero ahora me veo inmersa en situaciones que creía ya distantes.
Te fijas, no miras, te fijas en alguien, te adhieres, te impregnas de él. Sí, vaya que somos maestros y aprendices al mismo tiempo.
Irreversibles las miradas, gestos, abrazos. Irreversibles cuando tocan las filigramas profundas de le piel.

Filosofía post-cruda.

Filosofía post-cruda.

A mi edad (21 años) no suelo salir los viernes a beber, o a tomar café… no, mi costumbre es ver películas hasta altas horas de la noche, leer un buen libro o hablar con alguien. Claro, esto es la generalidad. Ayer tenía muchas ganas de tomar tequila, estaba un poco deprimida (no sé porqué), así que terminé con una botella vacía y muchas cosas en la mente.
Me desperté con un terrible dolor de cabeza, me mareaba, no podía ni sentarme, descubrí que ni siquiera me puse pijama (¡vaya dormí con sostén!)… y que mi clase de las 7am había empezado hacía tres horas antes.
Mi presión arterial se descompuso, mi cabello era un desastre, estaba enredado. Comprendí porque no me gusta salir los viernes hasta altas horas de la noche… esa chica que termina llorando después del quinto mezcal-cerveza-tequila. Esbozo esto porque es algo que no suele sucederme, quizá esta sea la segunda borrachera tan intensa en mi vida.
Pero, me gustó, sobretodo cuando comprendes que vida solo hay una y que mejor lugar para estar segura y bebiendo tranquila que tu casa, ¿no?.

La embriaguez y los cuentos mundanos literarios.

La embriaguez y los cuentos mundanos literarios.

Resulta que ahora comprendo porque mi maestra de literatura nos decía que los más grandes escritores hacían sus más grandes obras bajo la influencia del alcohol… y es que tendrá que que disculparme, Sr. Hemingway, pero el alcohol (hasta ahora comprendo) es un gran afrodisiaco para su mente… no lo comprendía, hasta que llegué al punto en que todo lo que veo no es más que palabra y todo da vueltas y todo sé.

Sí, puede llenar tu cabeza de ideas y es bueno hacerlo, pero solo de vez en cuando.

Ésta que soy yo…

Ésta que soy yo…

Suelo tejer telarañas, hilvanarlas, el hilo más fino, más sutil. Las tejo en mi mente, mis recuerdos, las manos, los textos y formas. Escribo paso a paso en un manual como hacerlo, para no olvidarlo, tirarlo, consumirlo. Y no soy la araña depredadora, suelo ser el cordero dormido, que no mata, que ve con ojos de amor, de ternura, porque no puedo ser viuda, nunca lo he sido, las aves no tienen nido. Sin embargo, no me gusta enconder mis telarañas, tan finas que merecen una vitrina de museo, admiradas, incomprendidas y analizadas; es ciertamente una forma de exhibirme, de mostrarle al mundo que detrás de estas manos, de esta nimia cintura, hay algo más, palabras, corazón, ingenio. Es así, tejer telarañas como decoración de mi casa, en este caso, mi vida. Collares, aretes que cuelgan contando anécdotas, viviendo sueños, besando labios (propios y ajenos), recorriendo kilómetros (de piel y manos). Ésta que vez, así, con ideas insomnes y sueños hilvanados, ésta soy yo.

Reflexión mientras atardece en una ciudad lluviosa.

Reflexión mientras atardece en una ciudad lluviosa.

Es tan fácil perderse en el amor al otro, en la carencia propia, en el abrigo que nos cobija pero no es nuestro. La carencia, la evación, todos tomados de la mano de la falta de amor propio.
Nada peor en el mundo que sentirse sola, dejarse, saberse extraño de si, abrazarse de autocompasión, justificar la escasez de ejercicios, de volundad, de tardes en silencio mientras piensas a donde fue el cariño, la vehemencia con la cual debiste cultivarte.
El amor ajeno es como lo dice ajeno, no habrá otro mejor que el amor propio.
Créeme, nunca se acaba.

Precipicio.

Precipicio.

Estás en el precipicio, a un paso de caerte o salvarte y sigues viendo la caída libre, te da pavor, prefieres tierra firme. Tal vez después de la caída libre haya algo mejor, pero no quieres arriesgarte a esa caída, nunca te ha gustado el vértigo. No, la tierra firme es mejor, mucho mejor, es lo que conoces, lo seguro.
A veces deberías arriesgarte, pero no en cosas tontas, no, copiar en un examen no es lo máximo en la vida. Arriesgarte en cosas grandes, en cambiar de vida, de ciudad, de país, viajar sola, estar sola, sin piel que tocar (aunque suene muy triste, pero ya has leìdo que no hay reparación posible si uno no duerme sola), esa cama camera de una sola, ese lado derecho vacío.
Estúpida que eres, sigues creyendo que alguien te salvará de esta maldito precipicio en el que estás parada, pero nadie lo hará, absolutamente nadie más podrá hacerlo, sólo tú, nadie vendrá a tomarte por la cintura, nadie quitará tu pie de la orilla, nadie, entiéndelo, nadie.

Caminos.

Caminos.

Querías andar estos caminos. Ciertamente. Andarlos, no importa si tengo sandalias o no, de cualquier forma voy a andarlos, porque es inevitable, porque no habré siquiera evitarlo. Estoy viva, vivamos. Quería andar estoy caminos, estos caminos que aún no están trazados, no importa si un día se borran, se pierdan, hay que recorrerlos.

Enlace

Punto cero.

Volver de donde veniste,
al inicio, al cero,
retornar, borrar,
olvidar y perdonar.

Sonreír, no queda más,
vivir a pesar de todo,
sobreponerse, reinventarse,
secarse el tiempo.

Poner punto y aparte,
una nueva entrada de blog,
escribir con la mano izquierda,
ser cauta e inteligente.

Nada nuevo sucede,
todo vuelve sistemáticamente,
uno aprende a ignorar lo
que no sirve, se desecha.

Como pañuelo, igualito,
pero eliges si lleva lágrimas
o simplemente desprecio.

Vida.

Vida.

No creo que la vida me sonría tanto, no lo creo porque generalmente no lo hace.
Quisiera creerle, desearía que realmente fuera real, pero no le creo.

Escribo con lápiz.

Escribo con lápiz.

Escribes con lápiz para no dejar nada más de lo que ya publicaron, no piensas dejar un baúl lleno de libretas con anotaciones de tu vida, quizá no quieres que todos tus secretos se revelen y lo comprendo, no existe nada para mi más revelador que las palabras que impregno en un papel, en un blog, muchas no han sido leídas y si me preguntas por el principio de mi obra te diría que está disperso en cuadernos repletos de líneas trazadas con lápiz que comienzan a borrarse. Pero a mi se me interesaría que alguien (después de mi muerte) encuentre mis secretos, que los publique, los grite al mundo, ya no podría pasar algo peor, muerta no me enteraré de los chismorreos o los aplausos. Recuerdo que deje de escribir con lápiz cuando mi maestra de literatura leyó mis textos y me dijo que si quería en unos años leerlos me sería imposible, no pude soportarlo, de alguna manera, lo que escribo es un registro de mi vida y quiero guardar mis recuerdos, aún los más pueriles, aquellos en los que me ahogaba en un vaso con agua, o las visiones alocadas que tenía a los quince o dieciséis años, me gusta recordar el pasado, demasiado, releer es volver a vivir, con este, con aquel, con ninguno, porque están ahí y al mismo tiempo hace tanto que se fueron las personas a las que escribía, ahora creo que esto no tiene tanto sentido, escribir con pluma, ¿a quién más le interesan mis recuerdos?, ¿quién verdaderamente los entenderá más que yo?, nadie, absolutamente nadie. Tienes razón, escribir con lápiz, dejar que el tiempo borre lo que de cualquier forma borrará, bien podrías escribir en piedra y si nadie más lo entiende, se borra. Quizá hoy retome la costumbre de escribir con lápiz, ahora que pierda la nueva costumbre de hacerlo todo en un blog.

Regrabable.

Regrabable.

Esto no pasó, esto no es bien visto, esto jamás podrá salir de esta casa, de esta cama y las sábanas que quedaron enredadas, perfumadas, mojadas y arrugadas. Esto no saldrá de tu boca ni la mía, esto no fue más que un rato de placer.
No serás tú quien vele mis noches y no seré yo quien te prepare el desayuno, seremos de hoy en adelante los amigos que siempre fingimos ser, los buenos compañeros, ante todo el que dirán, el que dira tu abuelo al enterarse, el que eres menor de edad y pueden llevarme al Ministerio Público.
Pero las cosas no se olvidan tan facilmente, no sé tú, pero mi piel tiene memoria y aunque he pasado noches en otras manos y otros brazos no he encontrado una boca tan elocuente como la tuya.
Es quizá el pequeño retazo de dedo que sigue hurgando por ahí el que hoy me hace escribirte, es también mis ganas de verte, aunque sea en un sueño.

Tonta enamoradiza.*

Tonta enamoradiza.*

Tú, tonta enamoradiza que nunca mides tu dar y terminas lastimada. A ti, loca, te dedico mis victorias y mis lágrimas.

Que tu llanto sea mar benevolente y sirva para limpiar tus penas, que la risa sea brisa causante de tus más grandes memorias.

Llora y ríe siempre que tu alma lo necesite.

Baila y canta.

Grita y arrebata.

Tú, tonta enamoradiza, tú que lo das todo. A ti, mis palmas y vítores. Nunca midas tu andar, ni tus amores, pues podrías mutilar la parte poética que se alimenta de tus sinsabores.

*Esta nota fue rescatada de FaceBook, la escribí el 28 de enero de 2010.

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Silencio.

Silencio.

María Baranda, poetisa y escritora mexicana, cesó su pluma por cinco años, mientras criaba a sus hijos, esta anécdota la contó en una conferencia en la Feria Internacional del Libro hace un año… me preguntó, ¿a qué se deberá mi silencio?, ¿no tengo nada interesante que contar?, ¿muertos mis amores y desamores no tengo a quién escribirle?.